
El tiempo de Dios es perfecto… y alcanza para todo.
Esto pareció experimentarlo mi querido y buen amigo JJ durante esta Semana Santa.
Un poco antes de que se iniciara el asueto con motivo de la Semana Mayor J se encontró con Iván, su amigo de hace sopotocientos años, quien tiene por norma tomarse los días santos para de irse de misionero a regiones algo alejadas de la “civilización”. Luego de los saludos de rigor vino la pregunta obligada:
-¿Entonces qué, te vas de misionero esta Semana Santa?
- Claro, ¿Quieres venir?
La respuesta de Jotica no se hizo esperar, porque si algo mi amigo tiene casi sin estrenar es la fuerza de voluntad. Hizo maletas jurando que se iba al Amazonas, le dio un abrazote a su mami y se montó en el autobús...